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Olavo de CarvalhoMauro Ventura/Olavo de Carvalho Flickr

RICHMOND, Virginia (LifeSiteNews) — Olavo de Carvalho, filósofo, escritor y educador brasileño que dedicó su vida intelectual a la educación de una nueva generación de conservadores, falleció el 24 de enero a la edad de 74 años.

Escritor prolífico, publicó más de una docena de libros y cientos de artículos sobre diversos temas. Filósofo legítimo, investigó y descifró el alma de los hombres modernos con una agudeza distintiva. Verdadero educador, enseñó a una multitud de estudiantes formales e informales a través de cursos, soliloquios y coloquios.

Desde la década de los 80, Olavo de Carvalho había sido uno de los pocos intelectuales latinoamericanos que percibió, estudió y combatió las doctrinas de la izquierda que han dominado el pensamiento en las universidades, los medios y la literatura. Gracias a él, autores como Mário Ferreira dos Santos, Roger Scruton y el Padre AD. Sertillanges fueron publicados y dados a conocer en Brasil y en otros países.

Su trabajo filosófico produjo tales obras de primer nivel como la teoría de las 12 capas de la personalidad, además de profundos análisis de autores como Aristóteles y Maquiavelo. Sus textos y clases, muchos de ellos grabados y disponibles en internet, inculcaron a personas de los más diversos orígenes y estatus sociales la importancia del trabajo intelectual y la responsabilidad del individuo sobre sus acciones como deber moral.

Tenía la habilidad de comunicarse fácilmente. Era capaz de escribir y hablar con una claridad desconcertante. Con la libertad y el humor propio de un hombre de su grandeza e inteligencia, Olavo de Carvalho publicaba habitualmente en las redes sociales frases cortas, textos y videos, muchos de ellos salpicados de palabrotas e ira, casi siempre por su condición de “alma solitaria en medio de la ignorancia general,” como el solía decir.

Los grandes medios de comunicación, en su mezquindad habitual, lo han juzgado por tuits y frases aisladas y lo han calumniado con una ferocidad escandalosa. Su muerte, como lo demostró tantas otras veces su vida, evidenció la homogénea red de trabajo formada por los medios de comunicación internacionales, que repite las mentiras y anhelos de pequeños grupos hasta que son aceptadas como verdades incontestables por las masas. Una simple búsqueda en Google de “Muerte de Olavo de Carvalho” produce numerosas noticias sobre su muerte que lo identifican como el “gurú” del presidente brasileño Jair Bolsonaro, una caracterización inventada por los medios nacionales.

En realidad el no tuvo nada que ver con el gobierno más allá de lo que mostró al mundo, y la influencia que ejerció sobre el Presidente y miembros de su gobierno fue la misma que tuvo sobre tanta otra gente que ha bebido de la fuente de sus pensamientos. Como a menudo enfatizó, la guerra contra el comunismo no está en la arena política, sino en la cultura y la religión. Se necesita una cultura moral, una cultura que conserve lo bueno, lo ético y lo digno, algo casi inexistente en América Latina y menguante dondequiera que exista en el mundo, incluso en Estados Unidos, donde vivió sus últimos 16 años y donde ha muerto. Sin embargo, es innegable que Olavo de Carvalho fue el responsable de preparar el terreno para que el mayor país católico del mundo eligiera por primera vez en décadas a un presidente que no fuera de la extrema izquierda. Lo hizo a través de la educación y la concientización sobre la guerra cultural de la era moderna, y nunca a través de la militancia política.

Su trabajo y pensamientos permanecerán en los años venideros. Como el agua que corre entre las manos, su legado seguirá su curso a pesar de las calumnias de la clase dominante socialista. No obstante, su legado debe medirse y admirarse por la conversión de miles de personas a la Santa Iglesia Católica. Devoto de San Pío de Pietrelcina y de Nuestra Señora de Fátima, Olavo de Carvalho, o Profesor Olavo de Carvalho, como prefieren llamarlo muchos de sus alumnos y admiradores, consiguió que innumerables personas se enfrenten a su orgullo, y juzguen su propio comportamiento y finalmente descubran ellos mismos a Jesucristo como Señor y Dios. Lo hizo a través de la argumentación intelectual y la sinceridad con la que narraba sus propias experiencias. Ha influido en sacerdotes y laicos que han superado el progresismo y encontrando en él la inspiración para no abandonar el camino de la santificación. Convirtió a muchos ateos y protestantes, que regresaron a la casa del Padre. Fue, en definitiva, instrumento de Dios para la salvación de las almas de muchos hombres y mujeres.

Como explica San Bernardo de Claraval, los hombres viven en tal condición que les es imposible no cometer pecado. Olavo de Carvalho fue un hombre, fracasó, y aprendió de sus fracasos.  A veces se equivocó, como cualquiera, pero sobre todo lo que hizo, prevalece el bien que hizo, pues se mostró útil como pudo. Depende de nosotros trabajar para continuar lo que él comenzó. Oremos en sufragio por su alma. Que Dios lo reciba con misericordia en el cielo.

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